En este año, de locura y de vertigo, he contraido matrimonio (he fichado, he pasado por el aro….). Sí,  os podeis asombrar de que haya “sentado la cabeza”, pero así ha ocurrido. Todo sucedió rápido y no fué nada doloroso, exceptuando la lluvia de arroz y envases varios que lanzaron a la salida de la Iglesia (me quedé con las caras). La iglesia elegida fué la Parroquia de San Gil y Santa Ana, en Plaza Nueva y con muchisimo tiempo de antelación pudimos elegir el dia 5 de Mayo.

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Yo en la puerta, nervioso esperando su llegada para recibirla. (se llama protocolo). Todo bien organizado, con mis sobrinos y Andrea de comitiva que precedia a una novia guaapiisiima. La ceremonia, distendida y entretenida con misa incluida para deleite de los más practicantes. Pero todo se hizo muy ameno por la felicidad que nos embargaba y por una soprano que cantó como los mismisimos angeles, abrigada por las flores blancas que adornaban la iglesia.

“Acto seguido…” y tras las oportunas felictaciones y fotografias, nos fuimos todos al Carmen de los Chapiteles, donde el maravilloso enclave y la esquisita comida, lo convirtieron en un momento único e irrepetible, gracias siempre a la famila y amigos que asistieron y pudieron dar fé de ello, recordando hoy por hoy  lo bien que lo pasamos aquella noche.

No quiero dejar escapar la oportunidad, para destacar las malas formas y poca educación, del Sr. Miguel,  RRPP y encargado de la empresa propietaria del Carmen. Menos mal que no estubo en la celabración, o quizás no se dejó ver. Por todo lo demás, servicio y trato…mágnifico.

Tras muchos bailes y refrescantes cubatitas, la fiesta tocaba a su fin, por que ibamos quedando poquitos. Como todo lo bueno tiene un final el Carmen se quedaba vacio, con los mas marchosos querian guerra y resistian las baladas del Dj, pero Ruth y yo, no aguntabamos otra batalla. Nos despedimos de todos… pero algunas querian volver a repetirlo el sabado siguiente!!!!.

Casados, cansados y contentos, llegamos a nuestro lecho. A las 4 de la madrugada, el encargado de noche, del Hotel Palacio de los Patos, nos abria las puertas de una suite de ensueño. Un mirador hexagonal y una decoracion minimalista, arropaban a una cama inmensa de la que caian petalos de rosa roja. Las chocolatinas y dulces riquisimos, una botella de frio cava y la luz sinuosa de unas velas, armonizaron y acompañaron  dos  inolvidables noches.

Y porqué no repetirlo?